reclusos

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Por: José Manuel Escamilla Jaime

 

Reflexión Inicial : La sociedad se ha visto envuelta durante los últimos años enturbiados por un frenesí que reclama respeto a los derechos humanos.

El problema de la inseguridad ha escalado como es sabido a lugares que hace un par de décadas nos parecían imposibles de llegar. La criminalidad y sus datos recientes, los lugares  secuestrados por el crimen organizado, las entidades federativas incapaces de afrontar por si solas dicha situación y la propia nación mexicana han caminado escuetamente hacia acontecimientos poco deseables para una sociedad que estima al menos en teoría estar más educada, próspera y civilizada.

Uno de los puntos trascendentales, que naturalmente se da con el aumento de la criminalidad, más personas en la condición de los presuntos delincuentes, procesados o ya sentenciados; la pregunta trascendental es: ¿Qué hacemos como sociedad con estas personas? ¿Se merecen tener un trabajo formal y remunerado dentro del esquema de cumplimiento de su pena? Este tipo de preguntas sólo se podrán contestar ahondando en diversos estudios sociológicos, psicológicos, económicos y por último jurídicos. Nos referimos con todo esto a que, más allá del tratamiento axiológico, por ejemplo del sometimiento de la actividad procesal y jurisdiccional al debido proceso, o de cuantos están justamente en  prisión y cuantos no; esta parte se la dejamos al marco de estudio del derecho penal, la filosofía y la propia axiología jurídica.

Lo que nos parece interesante e importante determinar es que trataremos aquí de establecer a nuestro sujeto de estudio desde un punto de vista antropocéntrico, queremos decir, en el cual el ser humano es la parte primaria o esencial en una base de derechos y prerrogativas sociales de las cuales todos debemos gozar. Las sociedad en general y mucho menos las víctimas no tienen por qué cargar con los insumos que el Estado dedica para el mantenimiento de la población recluida.

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